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Rincón literario
Sesión de fácil lectura con el libro "El perro de los Baskerville"
Escrito por Ángela Calvo Blázquez    Lunes, 05 de Noviembre de 2018 20:20    PDF Imprimir E-mail

El club de Fácil Lectura "Amigas y Conocidas" de la Biblioteca Municipal "Antonio Horrillo Arias", han celebrado la primera sesión de lectura con el libro "El perro de los Baskerville".

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Once lectoras compartieron los nueve primeros capítulos del libro. 

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LA LEYENDA DEL PERRO DE LOS BASKERVILLE

 Una historia que pasó hace casi tres siglos en el condado de Devon al sudoeste de Inglaterra en las propiedades de la familia Barkerville.

 Hugo Baskerville, un hombre poderoso y que vivía por mantener sus caprichos, aparece muerto junto a una muchacha cerca del gran páramo. Un perro enorme se paseaba con la cabeza de Hugo en la boca. Desde entonces se hablaba, con temor, del perro de los Baskerville, del que creen culpable de la muerte de mucho de los hombres de la familia.

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EL DOCTOR MORTIMER

 El doctor Mortimer acudió a casa de Sherlock Holmes a presentarles un manuscrito que le entregó tres meses atrás Sir Charles Baskerville, muerto de manera extraña, según dijo.

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LA MUERTE DE SIR CHARLES

 El doctor Mortimer leyó el manuscrito donde se hacía referencia al perro de los Baskerville. A Watson le impresionó aunque a Sherlock Holmes no le ocurrió lo mismo. Tras el relato de la muerte de Sir Charles por causas naturales, el misterio seguía latiendo por el condado.

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EL PROBLEMA

 El doctor Mortimer pidió consejo a Holmes para recibir al nuevo heredero de Baskerville, Sir Henry Baskerville, sobrino de Sir Charles, hijo de un hermano suyo ya muerto. No quería alojarle en la misma mansión por miedo, pero Sherlock Holmes le aconsejó llevarle allí no sin antes conocerle y tener unos días para reflexionar de todo lo acontecido.

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SIR HENRY BASKERVILLE

 Sir Henry y el doctor Martimer se encontraron con Sherlock Holmes. Tras enterarle de la leyenda del perro de los Baskerville, decidió vivir en la casa de sus antepasados. Watson le acompañó sin darse cuenta del carruaje negro que les seguía.

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LA MANSIÓN DE LOS BASKERVILLE

 Sir Henry, Watson y Mortimer, llegaron a la mansión donde les recibieron el mayordomo Barrymore y su esposa. A Henry le impresionó la casa. Mortimer se despidió y después de cenar Henry y Watson se recogieron en sus habitaciones. Watson sorprendido y sin poder dormir, oyó el llanto de una mujer. A la mañana siguiente preguntó por si a alguien le había parecido sentir lo mismo. Solo el mayordomo lo negó, la única mujer en la casa es la mía, y ella no ha llorado, dijo.

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LOS STAPLETON

 Un buen día durante un paseo, Watson se encontró con Stapleton, un naturalista que vivía cerca de allí. Conoció también a su hermana y comprobó que estaban enterados del misterio que circulaba en torno a las muertes de Baskerville.

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EL FUGITIVO

 Watson y Sir Henry descubrieron al mayordomo durante la noche con una vela haciendo señales en la ventana. Él, asustado les explicó que era para hacer señales a su cuñado escondido en el bosque. Su mujer al oir el secreto, les suplicó que no le delataran, pues era el fugitivo que buscaban. Aún así, cogieron las amas y salieron al bosque en su busca. Se les escapó y quedaron atrapados entre el silencio y la figura de un hombre alto y delgado subido a una colina ; momentos después desapareció.

 El páramo escondía muchos misterios.

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EL ENCUENTRO

 Sir Henry salió solo de la mansión, Watson le siguió para vigilarle. Se encontró con la señorita Stapleton y comenzaron a hablar. De pronto apareció su hermano y a empujones se la llevó a casa.

Así terminó esta primera sesión de fácil lectura con un clásico de la literatura española. Una historia escrita y adaptada para ser pefectamente entendida por todas las lectoras que acudieron la encuentro.

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Actualizado ( Miércoles, 07 de Noviembre de 2018 08:46 )
 
Sesión de Fácil Lectura en la Biblioteca Municipal
Escrito por Ángela Calvo Blázquez    Jueves, 20 de Septiembre de 2018 19:29    PDF Imprimir E-mail

El club de Fácil Lectura “Amigas y Conocidas” de la Biblioteca Municipal “Antonio Horrillo Arias” de La Coronada, comenzó el pasado día diecisiete sus sesiones habituales de lectura después del verano con el libro, “Bajo el mismo Cielo : el Winnipeg rumbo a Chile” de Núria Martí Constans.

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Veintitrés lectoras acudieron a la Biblioteca para participar de la lectura y recrear en ella algunos pasajes de la emigración durante y después de la Guerra Civil Española:

"La generosidad de un poeta y politico de América del Sur, Pablo Neruda, ayudando a más de 2.000 personas la huida a Chile a bordo del Winnipeg".

Teresa y Miranda, una niña de ocho años, quedaron solas y desamparadas después de la muerte de casi toda la familia. La única salida que Teresa encontró, era la huída y el país más cercano era Francia. Andando, cruzaron los Pirineos junto con bastantes más personas y esquivando azarosas el combate perpetrado por Cielo y Tierra en España.

Llegando a la frontera y tras la fortuna de poder entrar en Francia con su hija, se adentraron por el bosque con la incertidunbre de su fortuna.

 Caminando y Caminando llegaron a una masía donde amablemente las recibieron , las dieron de comer y donde se calentaron eternamente agradecidas. Miranda se hizo amiga de la hija de los dueños de la masía, Sara. Teresa les fabricó una muñeca de tela de colores, rellena de paja que les acompañaba con gran alegría en sus juegos por la casa.

Sabían que allí no podrían estar mucho tiempo por las tristes noticias que corrían. Francia estaba en el punto de mira de otra guerra que se preparaba en Europa.

Con la ayuda de Pablo Neruda, poeta y político, y a bordo del barco Winnipeg se pusieron rumbo a Chile. Entristecida por lo que dejaba , Teresa se adaptaba a la nueva situación con la esperanza de encontrar un pais tranquilo. Enseguida se hicieron amigas de Federico, venido de Andalucía y cocinero del barco. Federico y Teresa se sentían bien juntos. El barco reunía unas condiciones bien adaptadas para niños y mayores. Todos colaboraban y aportaban con gran solidaridad la convivencia que les esperaba durante treinta días a bordo.

Miranda echaba de menos a su amiga Sara. A pesar de jugar con niños y niñas en el barco, su muñeca le acompañaba y la consolaba de sus tristezas. El miedo volvió enfurecido en forma de tormenta. Teresa y Federico consolidaron su relación y todo se sobrellevaba algo mejor.

Para combatir las horas y los dias que quedaban en el barco, un grupo de pintores animó a elaborar la bandera de Chile para presentarla una vez llegaran a puerto. Y la noche del tres de septiembre casi un mes después de partir de Francia, ya estaban en Chile. Cánticos, música y lágrimas para recibir a todas las personas que acudían en busca de la libertad.

Una vez en tierra, Teresa, Federico y Miranda decidieron aprovechar la invitación de Delia y hospedarse en su pensión. Buscaron trabajo y dedicieron casarse.

Tras los conocimientos que Federico tenía de cocina, decidieron montar su propio negocio ; allí se asentaron con una nueva vida. Miranda añoraba a su amiga Sara y a través de su muñeca conseguía tenerla un poquito más cerca. Superó sus estudios y consiguó trabajar como profesora y casarse con otro profesor.

El 11 de septiembre de 1973, casi treinta años viviendo en Chile, los militares asaltaron al gobierno y el presidente chileno murió. Sara no soportó la inseguridad que se vivía en el país de acogida y decidió regresar a su Cataluña natal y a Francia para ver a su amiga.

Sin dudarlo Miranda viajó en avión hacia Barcelona. Al llegar comprobó que nada seguía igual. No encontró el lugar donde se levantaba su casa y desanimada se dirigió a Francia y visitar a su amiga Sara.

Llegó y recorrió el mismo camino y el mismo bosque que atravesó con su madre cuando huyeron de España.

Se dirigió a la masía de la madre de Sara y desgraciadamente estaba vacía y practicamente en ruinas. Tristemente buscó un hostal para pasar la noche y allí afortunadamente encontró a Sara ; se abrazaron, saltaron, charlaron y pasearon recordando y comentando que la historia se repetía de nuevo en Chile.

Y así, mirando al cielo comprobaron que la estrellas y el cielo de Francia eran las mismas estrellas y el mismo cielo de Chile.

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Una lectura compartida, fácilmente entendida y que conserva la esencia de sus argumentos.

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Una buena manera de retomar el hábito lector ; una decisión inteligente para todas aquellas personas que aprovechan esta oportunidad como herramienta de integración y de formación personal.


Actualizado ( Jueves, 20 de Septiembre de 2018 23:59 )
 
Premios Literarios Certamen "Nicanor Ruiz Díaz" 2018
Escrito por Ángela Calvo Blázquez    Lunes, 27 de Agosto de 2018 15:54    PDF Imprimir E-mail

PRIMER PREMIO DE POESÍA EN LA CATEGORÍA INFANTIL: Sara Tamayo Sierra

MI FLORECILLA

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tiene nombre de flor,

mi niña preciosa,

con nombre de color.

Es tan traviesa,

como la luna espesa,

cogiendo todos mis trastos,

no me deja dormir la siesta.

¡Ay qué diablesa!

Aunque entre gateo y gateo,

te da un gran beso.

A esta pequeña parlanchina,

la quiero con todo mi corazón,

por eso la deseo en la vida,

todo lo mejor.



PRIMER PREMIO DE POESÍA EN LA CATEGORÍA JUVENIL: David Tamayo Sierra


AUSENCIA


Me dijiste: “a mi me afecta el calor”,

a mi el que te hayas ido

causándome tanto dolor,

por no haberme llevado contigo.images/stories/premiosliterarios2018/dsc_0836.jpg

Nunca podré perdonarte

que te fueras sin despedirte,

tantas noches desvelado en balde

pensando en aquello que no te dije.

Desde que te fuiste,

dejaste tal vacío en mi pecho,

que estoy deseando dormirme

para ver si te veo en mis sueños.

Te buscaría, pero no te iba a encontrar.

te escribiría, pero no ibas a responder.

Te llamaría, y te volvería a llamar;

pero porqué tanto esfuerzo si no vas a volver.




PRIMER PREMIO DE POESÍA EN LA CATEGORÍA DE ADULTOS: Manuel Muñoz Rivera.


PRECAUCIÓN

Y con los meñique entrelazados

caminaban descalzos por la hierba,

hablando de futuros muy lejanos

y de ponerse el mundo por montera.

 

Se besaban con los ojos cerrados,

y brincaban los dos como gacelas.

Se apretaban con fuerza cuatro manos,

riendo sin parar y dando vueltas.

 

Haciendo esas cosas que se hacen

cuando el amor nos corre por las venas;

sintiendo esas cosas que se sienten

cuando el amor nos quiebra la cabeza.

 

En sus ojos veían reflejarse

un brillo parecido el de una estella;

ese brillo que luce penetrante

cuando se abrazan dos almas gemelas.

 

En sus mentes comparten pensamientos,

en sus cuerpos comparten tatuajes,

en la noche intercambian mentiras,

en el día intercambian verdades.


“¡Podría estar así toda la vida!”

pensaban los dos mientras se tocan.

¡Si se pudiera detener el tiempoimages/stories/premiosliterarios2018/dsc_0846.jpg

en el reloj que asesina estas horas…!

 

Bebieron por mandato del destino,

el brillo de sus ojos le cegaba,

y se seguían cogiendo los meñiques,

y se seguían queriendo con el alma.

 

Mientras seguían mirándose y riendo

solo una mano les guiaba a casa.

Pensaban que la vida es eterna,

pensaban que la vida nunca pasa.

 

Creían que no existen cinturones

que salen dos vidas enamoradas;

que el amor se salva solamente

con caricias, con besos y miradas.

 

¡Y se paró el reloj tan bruscamente!,

El destino pensaba en otras cosas,

y se cosechó sus vidas de repente

en una negra curva peligrosa.

 

Amigo de mi alma, yo te quiero,

no quiero que te vayas y que sufras,

por eso te reclamo y lo reitero:´

“amigo mío, si bebes, no conduzcas”.



PRIMER PREMIO DE NARRACIÓN EN LA CATEGORÍA INFANTIL: José Manuel Maldonado Muñoz.

DAVID Y LOS DESEOS

Érase una vez un niño llamado David que era muy pobre y vivía en una ciudad que también era muy sucia y oscura porque la gente no tenía dinero para arreglar sus casas.

Los niños no tenían parques donde jugar y estaban siempre por las calles.

Un día David, en sus paseos, encontró un pozo muy viejo. Se acercó y oyó una voz que le dijo que era un pozo de los deseos. Como no tenía nada que perder y estaba solo, David le explicó al pozo lo que ocurría en su ciudad y le pidió al pozo que le concediese el deseo de que todo fuese de piezas de lego.images/stories/premiosliterarios2018/dsc_0833.jpg

De esta manera, pensó el niño, que cada uno se podría construir lo que quisiera: casa, piscinas,granjas con muchos animales para que todo el mundo tuviera para comer, parques para que los niños jugasen. Y todo sería más bonito porque tendría mucho color.

Cuando volvió a su casa todo se había cumplido y la ciudad parecía otra totalmente distinta. Todo el mundo era feliz y se construyeron bonitos edificios donde vivían con comodidad y alegría.

Pero un día, un hombre muy malo que venía de otro país vio lo que se podía conseguir con esas piezas y creó un ejército que metió miedo a los habitantes de la ciudad que nunca habían tenido que luchar y no tenían armas.

El ejército del hombre malvado estaba ganando todas las batallas, pero entonces a David se le ocurrió que podría construir un gigane enorme, más alto que la torre del reloj de la Plaza. Se puso manos a la obra y lo construyó. Cuando se presentó subido a los hombros del gigante, el ejército que atacaba la ciudad se acobardó y todos los soldados salieron huyendo. Unos pocos se quedaron a vivir en la ciudad porque les había gustado mucho y ayudaron a David y a sus amigos a detener al hombre malvado que había comenzado la guerra. Lo encerraron en una cárcel y tiraron la llave al pozo para que nunca más pudiera hacer daño.

Se acabó la guerra y hubo paz. Pero algunos listillos comenzaron a construir cada vez casa más grandes y a vendérselas a sus vecinos muy caras. Los vecinos tenían que trabajar muchas horas para poder comprar esas casas y ya no podían disfrutar de sus bonitas casas y de los paseos con sus hijos por los parques llenos de columpios y toboganes de colores.

David volvió al pozo de los deseos y explicó lo que estaba pasando asustado de que todo se estropeara de nuevo como al principio. El pozo le sugirió que, como era mágico podía conseguir que todo el mundo tuviera lo suficiente para vivir sin problemas y que todos tendrían las mismas casas: las casas serían todas iguales, todos tendrían los mismos coches y motos y bicicletas y de esta manera no querrían tener otras cosas mejores que las de sus amigos, no tendrían envidia y todos serían igual de felices. A David le pareció una buena idea y así lo hizo el pozo.

Desde entonces la ciudad de David es conocida como "La Ciudad de la gente feliz".




PRIMER PREMIO DE NARRACIÓN EN LA CATEGORÍA JUVENIL: Eva Horrillo Sánchez


La Condesa Elisabeth I.

 

25 de septiembre de 1991

Era una oscura y fría noche de otoño. La niebla cada vez era más densa y la visibilidad era menor. La luna llena apenas intentaba dejarse ver. Procuraba llevar la linterna, apuntando con ella a cualquier sitio del proviniese un ruido escalofriante. En la profundidad de aquel bosque en el que estaba atrapada, era difícil saber si tropezarías y caerías de bruces o cabía la posibilidad de no regresar, como mínimo, a las afueras de la ciudad.images/stories/premiosliterarios2018/dsc_0843.jpg

 Alice, así se llamaba la chica que se encontraba atrapada en el interior del bosque, percibió un ruido proveniente de unos matorrales. Agudizó la vista para saber de qué animal podría tratarse, pero con solo ver unos ojos rojos, mostrando que estaban sedientos de sangre, la chica salió corriendo, retrocediendo en sus pasos, sin saber si lograría llegar a casa o, simplemente, quedarse atrapada en las profundidades del bosque.

 31 de octubre de 2018

 En la clase de Historia, se escuchaban los murmullos de los estudiantes planeando qué iban a hacer en Halloween este año y cómo eran sus disfraces, mientras la profesora explicaba la Guerra de la Independencia. Lisa, una de las estudiantes, no estaba entre las murmuradoras. Ella prefería estar pendiente de las aburridas clases en lugar de hacer lo que los demás hacían.

Aquella espantosa clase acabó dando fin a otra jornada de clases. Ella suspiró y salió cargando con una mochila que pesaba alrededor de veinte kilogramos. Se vio interrumpida en la salida por Marta. Lisa nunca había podido evitar envidiar a Marta. Aquella melena rubia, lisa y bien cuidada, su estatura, que al menos llegaba a la media, y su alta capacidad para mantener el moreno veraniego. Sin embargo, ella no le gustaba su pelo moreno, rizado y casi imposible de mantener bien desenredado, su estatura de gnomo de jardín y su blanco nuclear que solo el verano podía arreglar transformándolo en rojo. Pero había algo que nunca cambaría: sus ojos amarillentos, grandes y decorados con grandes abanicos de pestañas.

 Lisa se mantuvo a la espera de que la chica le dijera algo, pero lo único brotó de sus labios fue:

 -¿Qué vas llevar para Halloween?

 Lisa no lo sabía. Esa vez, no tenía listo ningún disfraz.

 -No tengo nada esta vez, creo que no iré este año –respondió con un desliz de tristeza.

 -Pues repite traje, ¿quién no ha hecho eso alguna vez? –dijo-. Bueno, nos vemos a las nueve.

 Lisa parecía angustiada en decidir qué traje ponerse. Sin duda alguna, eligió el primero que vio. Nada más ponérselo, ya sintió la presión en su cuerpo de aquel asfixiante vestido. El año pasado estaba igual de apretado o incluso más.

 Sus ganas de maquillarse fueron igual de motivadoras que las de vestirse. Trató ponerse más pálida aún de lo que era. Su último toque fue pintarse los labios de rojo y colocarse unos colmillos postizos. Iba vestida de vampiresa.

 Salió de su casa y se fue. Allí estaba un grupo de chicos; algunos los conocía, pero había una que le llamaba la atención. Era una chica de pelo corto, castaño con mechas rojas en su flequillo, sus ojos eran negros y su piel llegaba hasta superar a Lisa. Según Marta, esa chica se hacía llamar Alice.

 Esa tal Alice no dejó de mirar a Lisa durante todo el trayecto que hicieron. Lisa se sintió intimidada. No le gustaba que la mirasen durante tanto tiempo. Lisa cogió color en las mejillas de la sensación de angustia y de intimidación.

 -Reto nuevo para Halloween: ¿quién se atreve a entrar en el bosque? –dijo un chico que pertenecía al pequeño grupo.

 -No me parece buena idea –soltó Lisa interrumpiendo las fantasías del chico.

 -¿Por qué? ¿Tienes miedo? – le desafió.

 En parte era cierto. Lisa no podía evitar temer a aquel bosque profundo y tenebroso, y más aún de sus horribles historias de niños desaparecidos en el interior de aquel sitio. Pero tampoco le gustaba que la desafiasen con tener miedo o cualquier cosa que le molestara.

 -No tengo miedo, pero el problema es que hay miles de historias de desapariciones dentro de ese sitio. ¿No las habéis escuchado nunca? –preguntó casi con voz temblorosa.

 -Lisa, por favor. Esas historias serán urbanas o leyendas para meternos miedo y no hacer estupideces –siguió defendiendo su idea el chico.

 -Y yo lo que quiero es no cometer una estupidez.

 -¿Y si entramos en parejas? –propuso Marta-. Quizás así haya menos riesgos.

 -Puede que haya menos riesgos pero más víctimas –replicó Lisa.

 -Porque te den miedo unas historietas de las que nadie se acuerda, no significa que nosotros no vayamos a entrar.

 Vio cómo se ponían en parejas. La única que faltaba era Alice, con la cual decidió ponerse de pareja para entrar en aquel sitio. No podía creerse que Marta hubiese preferido ir con ese tipo al que no conocía de nada en vez de con ella. Era como una traición. Ahora le tocaba ir con una chica que no hablaba nada y solo la miraba fijamente como si ella le hubiera causado algo malo.

 Se adentraron en la profundidad de aquel bosque. Alice insistía en quedarse atrás para, según ella, vigilar cualquier movimiento o sonido peculiar. A Lisa le resultaba extraño o quizás la chica era la que le resultaba extraña. Siguieron camino hacia delante cuando, de pronto, Lisa sintió un golpe en la cabeza que la quedó inconsciente. Todo se oscureció...

 Logró percibir el sonido de unas voces en plena discusión; no conocía ninguna. ¿Qué había pasado? Solo recordaba haber entrado en un bosque acompañada de una chica y luego sintió como si le diesen un fuerte golpe. Poco a poco y con dificultad, logró abrir los ojos. Vio a una chica que la resultaba familiar… ¡Alice!, y luego otra persona, un hombre. Aquel hombre tenía el pelo castaño, unos ojos felinos, profundos e hipnotizantes, y de color… ¿Rojo? Su piel era igual que blanca que la de Alice.

 -La señora ha despertado –anunció una voz. Lisa se giró, pero no logró ver a nadie.

 Ambos dirigieron sus miradas a Lisa. Estos se acercaron a la velocidad de la luz. Ella con la ayuda de sus brazos, comenzó a alejarse de los dos. ¿Qué les ocurría? Lisa empezó a tener miedo, pero también estaba dolorida por el golpe en la cabeza, con lo cual no sabía si salir corriendo o dejar que los individuos hablasen.

 -Elisabeth, ¿qué te ocurre? –preguntó el hombre.

-Yo no me llamo Elisabeth. ¿Quién eres? ¿Dónde estoy? –fueron las primeras preguntas de Lisa.

 -Se lo he dicho. No se acuerda de nada –dijo Alice-. Esta chica no es Elisabeth.

 -Claro que es ella, mírala –siguió insistiendo el hombre.

 -Déjelo. Es un intento en vano –suspiró Alice-. Vámonos –Alice le extendió la mano y Lisa la aceptó.

 -Me da igual si se acuerda o no, la ayudaremos a recordar.

 Ambas se dirigieron a la salida. Aquel hombre estaba impidiendo el acceso al exterior. Lisa miró al hombre ese, mientras que Alice gruñía. Estaba bastante claro que no quería que se marchasen.

 No supo cómo, Lisa acabó en una silla con ese hombre delante. Vestía extraño, como si fuera un vampiro.

 -Escúchame –le dijo el hombre-. Puede que no se acuerde de mí. Pues soy el Conde Robinson III. Vos sois la Condesa Elisabeth I. Si os preguntáis qué hacéis aquí, es porque sois mi prometida. He estado buscando durante miles de años para volver a encontrarla.

 -No soy condesa, no me llamo Elisabeth, no sé dónde estoy, no estoy prometida con nadie, y lo único que quiero es regresar a casa.

 -Vos padecéis amnesia y estáis prometida conmigo. Lucy, por favor, llévenla a su cuarto y prepárenla para la cena –ordenó Robinson.

 Lucy, una mujer de cabellos blancos recogidos en un moño, de ojos azules profundos y de piel pálida, entró en la sala. La sostuvo del brazo y la guio por una serie de escalones hasta una habitación iluminada por antorchas, como todo el castillo, con una gran cama, un tocador frente a la cama, un armario y una ventana. Lucy la mandó a quitarse la ropa que llevaba y se pusiera la que ella le entregara.

 -Vos estáis preciosa –dijo Lucy mientras le arreglaba el pelo.

 Alice entró en la habitación y le ordenó a Lucy que se fuera. Lisa no tardó en preguntarse qué hacía ella ahí. También volvieron las dudas.

 -Lisa, si tienes dudas…

 -Necesito que me las resuelvas –la cortó rápidamente.

 -Hace tiempo, mucho tiempo, el Conde Robinson consiguió prometida, Elisabeth I. Él, a pesar de ser frío y con pocos sentimientos, llegó a enamorarse perdidamente de ella. Con el tiempo, Elisabeth falleció por una enfermedad debido a que era humana y la enfermedad bastante fuerte. Él, después de eso, se volvió loco y prometió encontrarla hasta el fin del mundo para casarse con ella –dijo sentándose en la cama.

 -¿Cómo que era humana? ¿Qué sois vosotros? –preguntó asustada.

 -Somos vampiros –respondió-. No te asustes. Yo no hago nada. Pero para casarte con el Conde, él debe convertirte en vampiresa. Tú eres la Condesa Elisabeth, vos sois la Condesa Elisabeth I.

 Lisa comenzó a retroceder, asustada. ¿Cómo le había podido ocurrir esto a ella? Ella no había hecho nada. La aparición de esas criaturas hacía que sus deseos de huir fuesen mayores. No quería que un vampiro le mordiera y ella se volviera una vampiresa malvada.

 Alice parecía relajada. Lisa, a pesar de temerla, le tenía una especie de confianza. Quizás pudiera ayudarla a comprender que cabía la posibilidad de que fuese cierto que ella hubiese sido en una vida una condesa y que su nombre no fuese Lisa y fuera Elisabeth. Algo curioso era que su nombre se pareciera al otro, con lo cual levantaba más razones para que aquella locura fuera cierta. Aun así, ella no quería casarse.

 -¿No tienes miedo? –preguntó Alice sonriendo.

 -No… Puede que un poco –admitió mirando abajo.

 -Ahora debes saber que nosotros no hablamos de la misma forma que vosotros, los humanos –dijo Alice, sonriendo-. Aunque yo sé hablar igual.

 -Ya lo sé. Sois de otra época.

 -Bueno, vamos tenéis que ir al salón. El conde os espera. Yo he de prepararme.

 Lisa salió de aquella habitación y se encontró con Lucy a un lado de la puerta. Su semblante estaba serio y sus manos estaban cruzadas. Giró su rostro y Lisa se asustó. Los ojos azules de la mujer eran tan profundos que temías quedarte atrapado en ellos.

 -Sígame, señora –dijo con su voz clara.

 Volvieron a bajar las interminables escaleras y acabaron en la sala de antes. Cruzaron esta y pasaron por unos pasillos largos iluminados con las antorchas. Llegaron a una puerta inmensa. Lucy la abrió y dejó a la vista una enorme sala con mejor iluminación que los pasillos y las habitaciones de todo el castillo. Había una gran mesa en el centro repleta de comida. Había sillas en ambos lados de la mesa y luego había un gran sillón. Lisa supuso que ahí se sentaba el Conde Robinson.

 -El conde tardará unos minutos –aclaró la ausencia-. Vos iros sentándoos.

 Lisa se acercó a la mesa y se sentó en la silla más lejana a la del conde. Alice apareció por las grandes puertas. Esta se sentó a su lado. Lisa se sentía incómoda. Principalmente por la situación en la que estaba, y luego por aquel vestido. ¿Cómo era posible que las mujeres de esas épocas aguantasen tanto tiempo con aquella ropa?

 La puerta se abrió y el conde apareció. Alice se levantó, y Lisa no tenía ni idea de qué debía hacer. Imitó a Alice, suponiendo que las acciones de la chica serían correctas. Hizo aquella reverencia igual que Alice, solo que ella estaba con un rubor en las mejillas. El conde, aún bastante serio, se sentó en el sillón.

 -Pueden comenzar –dijo secamente.

 Lisa agarró uno de los cubiertos empezó a comer. Una pregunta rondaba por su cabeza: si eran vampiros, ¿no se supone que deberían beber sangre? Aquella duda, quiso compartirla, pero temía que se rieran de ella o cosas peores.

 -Tengo una pregunta: si son vampiros… ¿no se supone que deberían beber sangre humana?

 El Conde Robinson paró de comer y educadamente se limpió la boca. Miró a Lisa de aquella manera que solía intimidarla. Ella volvió a sonrojarse de inmediato. Robinson miró a Alice, quien prefirió no unirse a la conversación. Solo mantuvo la mirada al frente.

 -Elisabeth, ¿qué os ha… comentado mi querida hermana? –Robinson la miró de igual manera.

Lisa no pudo evitar bajar la mirada. Alice clavó la vista en los ojos de Robinson, quien se mantenía impaciente a la respuesta de Lisa.

 -Había que decírselo –fue la justificación de Alice tras aquel debate de miradas fulminantes que se habían lanzado continuamente, y en la cual Robinson había sido capaz de obtener la respuesta necesaria.

 -Pues en mi opinión sería mejor habérselo dicho a su debido tiempo.

 -Es decir: nunca.

 Aquella disputa dio por finalizada tras las últimas palabras de Alice. Lisa se sentía incómoda al estar presente en una discusión de desconocidos, sabiendo que ella era parte de esta.

 Los días continuaron. Lisa no era capaz de permanecer allí. Sus intentos de escapes se habían dado en muchas ocasiones; sin embargo todos ellos habían sido detenidos por el mismo conde, quien pretendía que no se marchase a ningún lado que no fuera aquella estúpida torre del castillo.

 Robinson había tratado de ser un poco más abierto a Lisa, pero solo había logrado que ella no le hablara por timidez u odio por fastidiar sus huídas. También se dedicaba a pasear con ella por los frondosos jardines y siempre que veía una rosa negra, no dudaba en dársela, pensando que así quizás lograría demostrarle su amor incalculable hacia ella.

 Pero Lisa solo la aceptaba, y cuando se encerraba en aquella habitación, vacilaba entre si quizás Robinson no fuera tan frío como se pensaba ella y que tenía un buen corazón o solo para quedar bien. Hasta que recordaba que él siempre saboteaba de cualquier manera sus intentos de salir de su castillo, y destrozaba las rosas.

 Robinson observaba cómo las flores las destrozaba con furia a la vez que lo insultaba. Él sentía irritación, dolor y tristeza mezclada en su interior. Se concienciaba de que con el tiempo, lo lograría.

 Llegó el día en el que Lisa se convertiría en la esposa de Robinson. Ella tenía miedo porque gracias a Alice sabía lo que le tocaba. ¿Qué le ocurriría cuando la mordiese? ¿Perdería la memoria o algo así? Aquellas dudas rondaban en su cabeza como un tiovivo.

 Lucy estaba apretándole aún más el corsé, el incómodo corsé. A Lisa le era inevitable soltar quejidos de lo apretado que era. Seguidamente, la ayudó con el vestido blanco. Lucy la peinó, y Lisa no paró de soltar quejidos.

 -Buena suerte –fueron sus palabras.

 Lucy abandonó la sala, dejándola completamente sola. Cerró la puerta detrás de sí, agarró una silla y la colocó en el pomo para que la puerta no se abriera. Agarró las sábanas de la cama y comenzó a anudarlas, formando una especie de cuerda con la que bajaría por la ventana. Puso sus pies sobre el alféizar y vio lo alto que estaba. Había agarrado la cuerda en uno de los pomos del armario. Comprobó que no se soltara y dejó caer las sábanas.

 -Elisabeth –escuchó a Robinson al otro lado de la puerta-. No os atreváis a…

 Demasiado tarde. Lisa ya había empezado a bajar. Lisa se aseguró de que él no la siguiese. Continuó bajando lentamente, procurando no caer. Sin embargo tuvo un despiste y cayó. Su grito retumbó tanto que los pájaros se fueron volando, espantados, y cerró los ojos.

 Unos brazos la agarraron y su grito cesó. Se agarró lo más fuerte que pudo, pero no abrió los ojos en ningún momento. Por fin, su espalda chocó contra el suelo. Abrió los ojos y vio el cielo azul. Miró a ambos y supo que estaba en el jardín. Intentó levantarse, pero no pudo con el peso que tenía encima. No se movía, no hablaba, no sabía si respiraba… Asustada, trató de darle la vuelta y le vio el rostro. El sol apuntó al rostro de Robinson haciendo que brillase. Se acercó a su rostro para saber si estaba vivo.

 -Robinson –murmuró Lisa. Pasó su dedo índice por su rostro.

 Sus ojos se clavaron en los de Lisa y esta se echó hacia atrás del susto. Él se levantó con parsimonia, soltando algún quejido. Se pasó la mano por el pelo, alborotándoselo un poco más. Dirigió su mirada a Lisa, quien permanecía asustada. Robinson no evitó abrir su mandíbula hasta el suelo de lo guapa que le parecía Lisa con aquel vestido. Volvió a su aspecto serio en menos de diez segundos.

 Lisa, como pudo, salió corriendo de Robinson. Esta no tardó en ser atrapada por él, de nuevo. Siguió tratando de escapar, pero era imposible. Allá donde fuera, la seguía.

 -¿Vais a estar toda la mañana así? –preguntó burlescamente.

 -Dejadme en paz –pidió Lisa.

 -Podría estar haciendo esto, pero me aburre –dijo pasándose por alto la petición-. Así que no le importara que la lleve a la ceremonia.

 -No va a haber una ceremonia ni nada. Yo me voy a ir de este maldito castillo. No quiero casarme con vos porque no le conozco de nada.

 Robinson la agarró del brazo y la giró, bruscamente. Ella soltó un quejido y trató de soltarse, pero no pudo. Luchaba y luchaba por salir, y nada. Paró y bajó la mirada, con inmensas ganas de llorar. Ya no escaparía, le tocaba sufrir el resto de su vida. Robinson la agarró de la barbilla y se acercó tanto al rostro de Lisa que pensó que la iba a besar, y así fue. Se separó y solo podía abrir los ojos y encontrarse con él. Le apeteció soltar un grito que no venía a cuento, pero le apetecía. ¿De verdad se acababa de besar y no reaccionaba? La volvió a llevar a la habitación y la dejó en el suelo, cuidadosamente a pesar de su brusquedad anteriormente usada. Abandonó la habitación, dejando a Lisa, descolocada de lugar.

 -¿Qué? –fue lo único que murmuró débilmente, posando dos dedos en sus labios.

 Alice entró en la habitación, con brusquedad. Se notaba que Robinson y ella eran hermanos. Se quedó seria y de brazos cruzados, después una sonrisa traviesa apareció en su cara junto a un arqueo de ceja. Lisa no tardó en saber a qué se debía.

 -Ni yo misma me lo creo –dijo Alice, divertida-. ¿Estáis bien?

 -Sí –respondió rápidamente-. ¿Lo habéis visto?

 -¡Pues claro! –exclamó divertida.

 Lisa agachó la cabeza, ocultando su sonrojo. ¿Le había gustado? No, ella debía salir de ahí cuanto antes. Sus padres, sus amigos y la gente en general que conocía, estaban preocupados.

 -Bueno, debéis bajar. El conde os espera impacientemente, como es.

 Salió de la habitación y Lisa fue segundos después. Bajaba lentamente las escaleras, procurando no caerse y no mancharse el vestido. Su cara, no es que se dijera que era de plena felicidad; más de ganas de llorar, pero no lo hizo. Llegó a la sala en la que estuvo el primer día, es decir, el día en el que la raptaron, injustamente. Vio a lo lejos a Robinson, quien se mantenía serio.

 La ceremonia dio comienzo nada más Lisa pisar el último peldaño. Lisa evitaba el contacto visual con el conde. No podía mirarlo igual, aunque después de todo, se tendría que acostumbrar. Su boda daría por acabada cuando dijeran aquellas palabras que nunca se acordaba y se dieron el beso.

 -Puede besar a la novia –dijo Lucy, quien se había encargado de ser la testigo de la boda.

 Lisa alzó la mirada, lamió sus labios y esperó a que aquello pasara. Robinson lo volvió a hacer y Lisa sintió aquel cosquilleo. Ahora venía lo peor: ¿enserio la mordería? Lisa se puso nerviosa y dio un golpe en el estómago de él, pero no consiguió nada. Salió corriendo al haberse zafado. Robinson quiso atraparla, pero aquella vez no era tan rápido: no había tomado sangre suficiente y la había gastado en salvar a Lisa. Aun así, fue haciendo lo que pudo.

 Lisa corrió llegando por fin al bosque. Se tropezó muchas veces a causa del vestido, pero continuó. Paró para recuperar el aliento, miró hacia atrás y observó que Robinson le pisaba los talones. Prosiguió su camino sin saber muy bien adónde se dirigía. Se puso en la piel de los desaparecidos de las historias que le contaron, pero ella vivía la historia y, también, había descubierto la causa de la desaparición de todos aquellos niños y adultos. Tropezó y cayó de bruces al suelo. Su pie izquierdo le dolía mucho, se habría lesionado a causa de la caída. Robinson la atrapó y ella gritó lo más alto posible.

 -Suéltame –chilló irritada.

 Robinson tapó la boca de la chica, mientras ella no cesaba sus gritos. La chica trataba de detenerle con los brazos, pero era en vano. Paró de gritar y él la mordió en el cuello con sus afilados y blancos colmillos. Lisa chilló, pero se quedó como desmayada. El chico aprovechó para beber los restos de la sangre que fluía. Se limpió la boca y esperó a que la chica despertara.

 Elisabeth despertó sin lograr recordar nada. Se encontraba tirada en el suelo del bosque junto a un chico, al cual no recordaba, y vestida de novia. Se incorporó pasándose una mano por los sienes, tratando de recordar. Solo recordaba que se casó con aquel chico, que la había besado y poco más.

 -Os he esperado cientos de años para volver a encontraros –sonrió por primera vez.

 Ahora a Elisabeth no le importaba nada. Solo quería estar con el conde, solo amaba el conde. Nada había ocurrido. Solo recordaba que siempre estuvo enamorada de él. La Condesa Elisabeth I y el Conde Robinson III, por fin vivieron felices.



PRIMER PREMIO DE NARRACIÓN EN LA CATEGORÍA DE ADULTOS: Manuela Muñoz Manzano

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Actualizado ( Martes, 28 de Agosto de 2018 10:49 )
 
X Velada Poética "Recordando en verso"
Escrito por Ángela Calvo Blázquez    Jueves, 23 de Agosto de 2018 01:22    PDF Imprimir E-mail

Mucha emoción contenida y muchos los recuerdos que se asomaron en la “X Velada Poética” presentada por la Biblioteca Municipal “Antonio Horrillo Arias” el pasado domingo en la casa de la cultura.

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La encargada de la Biblioteca Ángela Calvo presentó uno de los actos más esperados de la “XXIII Semana Cultural” organizada por el Ayuntamiento.

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Agradeció la presencia a las más de doscientas cincuenta personas congregadas, además de poner en valor este tipo de veladas literarias.

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“Recordando en verso”, un recopilatorio a los nueve años ya celebrados y donde se pudieron escuchar poemas de autores locales : “Velada poética” y “cuando el sol no sale”. Se conoció el hondo pesar y el compromiso social y político de Miguel Hernández : “Elegía y “Vientos del pueblo”. Se recordó a las madres presentes y ausentes: “En ausencia de ti” y “Brindis del bohemio”. Sonaron las raíces extremeñas con la jacha, el jigo y la jigüera: “La ignorancia”, “Compuerta” y “La nacencia”. Apareció uno de los mayores referentes de la literatura española, Federico García Lorca : “Monólogo de la luna” y “Romance de la pena negra”.

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Se recitó a la poesía hecha copla: “Romance de la Reina Mercedes” y con “Y sin embargo….te quiero” cantada con el sentimiento de Sonia Miranda ,se puso literalmente a toda la sala en pie.

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Caminaron y cantaron con Machado: “Anoche cuando dormía”, “A un olmo seco” , “La primavera besaba” ésta última compaginando las dulces voces de Mª Carmen y Celeste . El flamenco punteó alguna de sus vertientes: “soleá del amor desprendío”, “Lágrimas negras” y “Al Alba” donde José Manuel versionó y emocionó. El bloque continuó abriendo murallas a la paz, la tolerancia y la igualdad : “No te rindas”, “De ser como soy…..me alegro” y “Mercancía”; un cóctel literario magistralmente interpretado y acompañado al piano por Manuel Muñoz.

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El broche final llegó con “Hijo de la luna” donde Manuel, Sonia, José Manuel, Celeste y Mª Carmen interpretaron con sensibilidad y buen gusto.

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Resaltar la intervención de Catalina Suárez que intervino en la primera velada y afortunadamenrte participó en ésta última. Una mujer fuerte y valiente con varios libros publicados de novela y poesía y que a pesar de su edad conserva una memoria extraordinaria.

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La Alcaldesa Mª José Valdivia despidió el acto agradeciendo a todos su presencia además de reconocer a la bibliotecaria su labor por éste y todos los encuentros culturales realizados a lo largo del año.

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Todos los participantes recitaron el mismo poema que leyeron en la edición correspondiente. Es de agradecer el interés, la ayuda y el compromiso de presentar uno de los actos más emotivos y esperados de la Semana Cultural.

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La Biblioteca les obsequió con un folleto que contenía  todos los textos recitados e interpretados en la velada.

Actualizado ( Viernes, 24 de Agosto de 2018 10:26 )
 


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