Sesión de fácil lectura con el segundo grupo y el libro "Cruce de Mundos".
Escrito por Ángela Calvo Blázquez    Sábado, 19 de Enero de 2019 20:07    Imprimir

Catorce lectoras del segundo grupo de fácil lectura "Amigas y Conocidas" de la Biblioteca, celebraron la primera sesión de lectura después de las Navidades con el  libro, "Cruce de mundos" de Anna Tortajana versionado por Núria Martí Constans.

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EL VERANO:

"En las tierras de Israel el verano era tiempo de calor y sequía. Por las noches refrescaba en todas partes menos en el valle del río Jordán. Cuando soplaba el sarah desde las tierras de Arabia, traía mucho polvo y arena fina que se metían entre los dientes y escocían los ojos".

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EL ESCLAVO Y EL JOVEN ISRAELITA:

El jefe de los camelleros y el joven esclavo negro llegaron a su destino: Urusalim. Acompañaron a la Reina de Saba a visitar al rey de Israel porque decían que era el rey más sabio del mundo y ella misma quería comprobarlo.

Mientras, en la ciudad un joven israelita se paseaba mirándolo todo con gran curiosidad. Había llegado a Urusalim con su familia desde las tierras de Efraín. Cada año celebraban que Yahvé, su Dios, les liberó de ser esclavos en Egipto, hacía 500 años. Para ello mataban un cordero para festejarlo.

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TANIT Y SU FAMILIA:

A Tanit y a su familia le echaron de la casa que estaba situada en la parte vieja de la ciudad por falta de pago en el alquiler. Su padre murió durante la construcción del templo de Shelomo y su madre se lamentaba por haber tenido que salir de su ciudad de Sôr. Antes de marcharse, Tanit cogió el amuleto que le dió su padre antes de morir cuando tenían dinero. Un escarabajo verde que se colgó del cuello.

Todo los vecinos corrieron a ver el espectáculo pues ese día entraba la Reina de Saba por la puerta de los Hijos del Pueblo. Tanit se distraía escuchando a los cuentacuentos que circulaban por muchos rincones del reino contando historias. Entre algunos de sus sueños, estaba conseguir volver a Sôr.

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EL ESCLAVO ENTRA EN URUSALIM

El esclavo  se animó al ver la alegría con la que los israelitas recibían  a la Reina. El jefe de los camelleros y el esclavo mantenían una relación como el perro y el gato y particularmente el esclavo era tratado con gran vejación. Todas las caravanas que cruzaban el desierto en sus rutas comerciales llevaban soldados para protegerse de las tribus del desierto.

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EL JOVEN ISRAELITA HABLA DE LAS MARAVILLAS QUE HA VISTO

Después de la tardanza del joven israelita, éste le explicó a la madre que habia visto llegar a la Reina de Saba. A Jetró, el padre de Jesé, le extrañó que una mujer fuera Reina y que viajara sola. Jesé le dijo que su país era rico y que venía acompañada de mucha gente y con muchos camellos cargados de paquetes. No comprendían porqué había venido una mujer sola a la corte, pues Jetró no aceptaba que un hombre se pusiese a las órdenes de una mujer. A Tabita su mujer, le daba una poca de envidia de aquellas mujeres que podían mandar.

Jesé visitó el templo de Shelomo y se sorprendió al verle tan grande. Estaba sobre una plataforma elevada del suelo, se accedía por una escalinata , peldaños anchos y en la puerta dos mágníficas columnas de bronce. Por otras escaleras se llegan al recinto sagrado. Allí se pondrían las tablas que Yahvé entregó a Moisés con los diez mandamientos grabados. Muchos expertos y obreros se habían instalado en Urusalim llegados desde Sôr porque el Rey de Israel hacía muchos negocios con el de Sôr.

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UNA CAMELLA BLANCA CAMBIA LA VIDA DEL ESCLAVO

El esclavo se había adaptado muy bien a la vida en Urusalim. Su trabajo era cuidar de los camellos. El templo de Shelomo no le había impresionado mucho, le gustaba el de la Reina de Saba con esa fachada de mármol de colores. Su amo, después de alguna que otra regañina, le mandó sacar a pasear a una camella blanca. Tras un pequeño descuido la camella cayó por un barranco y se asustó. Vió que tenía una pata rota y al llegar su amo se puso a darle gritos y escapó a toda prisa.

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EL ESCLAVO Y EL JOVEN ISRAELITA SE CONOCEN

Era día de mercado y Jesé estaba en la puerta de los quesos. En un rincón, un hombre contaba historias y hablaba del Rey Shelomo y la Reina Balquis. La Reina proponía un enigma al Rey. Ese día había llenado el palacio de flores. Los criados habían elaborado centenares de flores de tela perfumadas de todas las especies.

Entre todas las flores, la Reina había colocado un ramo de flores frescas y el Rey debía encontrarlas sin tocarlas, solo con olerlas. Hechó mano de una abeja para encontrar el ramo. La gente aplaudió y se fue contenta.

El esclavo y Jesé se toparon al llegar corriendo en una esquina. Se presentaron y el esclavo Kimunguiñe le contó que había huido y tenía miedo. Jesé le contó que sus antepasados huyeron de Egipto donde eran esclavos. ; Yhavé hizo que se ahogaran en el mar Rojo. Jesé  invitó a Kimunguiñe a irse con él a su casa.

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TABITA TOMA UNA DECISIÓN

A pesar de la negativa de Jetró, Kimunguiñe por petición de Jesé y Tabita, se quedó en casa.  El esclavo les contó la aventura por la que no estaba con su familia. Un día se perdió y unos hombres le llevaron a su poblado. Después su padre les acompañó hasta la costay  a él le obligaron a ir con ellos. Allí cargaban oro, cuernos de rinoceronte.....y cruzando un mar estrecho y largo en barco se lo vendían a los mercaderes de la Arabia Feliz.

En uno de los viajes le vendieron a otra caravana y acabó como esclavo en el palacio de la Reina de Balquis, cuidando de los camellos. El jefe de los camellos le ofreció ver mundo y así llegó hasta allí. Les contó también que su jefe no le trataba muy bien, por lo que Tabita se apenó. La decisión estaba tomada, se quedaría con ellos y su Dios Yahvé les ayudaría, dijo Tabita. Se irían de  Urusalim, quedarse allí sería peligroso para Kimunguiñe ; recogieron todas sus cosas y se marcharon. Era de justicia el atrevimiento y aferrándose a Yahvé, todo les sería más fácil.

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LA FAMILIA LLEGA A CASA CON UN MIEMBRO MÁS

Se encaminaron hasta las tierras de Efraín. Jesé y Kimunguiñe se hicieron amigos y durante el camino se pusieron a hablar de sus cosas: los sabeos dicen que Urusalim es la ciudad de Salem, la diosa del atardecer, y Sahar es la diosa del Alba, decía Kimunguiñe. Los israelitas no creemos en esas cosas!, decía Jesé, creemos en un solo dios, Yahvé. Al caer el sol, Kimunguiñe se arrodilló y dio las gracias a Dengdit, su dios, por haber encontrado a esa familia.

Después de dos días. llegaron a su poblado y allí les esperaba toda la familia. La piel de Kimunguiñe les sorprendió a todos, y se acercaban a él para tocarle.

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JETRÓ CELEBRA LA LLEGADA DE KIMUNGUIÑE

Tabita habló con su marido para proponerle celebrar la llegada de Kemunguiñe y presentarle en sociedad para así evitar,  hablaran más de él. Para ello mataron un cabrito, cocieron pan, tortas, buñuelos, pastelitos con miel, dátiles y pistachos. Invitaron a todos los familiares y vecinos y celebraron una gran fiesta tradicional.

Comieron en el suelo como allí se acostumbraba y la tarde pasó entre risas, danzas y juegos. Los jóvenes danzaban, los niños corrían y los adultos contaban anivinanzas. Kimunguiñe durmió contento aquella noche.

La familia y algunos jornaleros colaboraban en las tareas del campo del sol a sol. A Kimunguiñe le venía a la cabeza su poblado dinka y su gente. Era un pueblo ganadero y vivían de la leche, el queso y la sangre del ganado, les dijo. Todos quedaron sorprendidos porque para ellos la sangre de los animales era impura.

Curiosamente, no se comían la carne, de la piel hacían cuero, de los huesos brazaletes y herramientas, de los cuernos cucharas y arpones, de los excrementos remedios, de las cenizas ungüentos y tintes para el pelo; la orina les servía para obtener la mantequilla y los quesos, además de lavarse la cara y las manos.

También comían pescado cuando llevaban a los animales al río.

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En ese punto , en el capítulo nueve, dimos por terminada la sesión de lectura para retomarla el día quince de febrero.


Actualizado ( Sábado, 19 de Enero de 2019 20:48 )